15 noviembre 2017

¿Cómo pudimos sobrevivir en mi mundo?

¿Cómo conseguimos sobrevivir en ese mundo antiguo y hostil? Nuestras madres no salían a correr a diario, ni sabíamos siquiera que existiera el Pilates, y eso del Yoga era cosa de indios (de los de la India). Nuestras madres no jugaban al balonmano, ni siquiera hacían gimnasia, no sabían patinar, la mayoría no montaba en bicicleta. ¿Cómo conseguimos sobrevivir en un mundo sin que ellas tuvieran un grupo de guasap para hablar de las incidencias del colegio de ese día o para saber qué deberes teníamos. Nuestras madres no vivían, no tenían tiempo libre para ir a relajarse o a hacer actividades necesarias para su desarrollo. Nuestras madres, al menos la mía, dejaban de trabajar al casarse porque no estaba bien que ocuparan puestos de trabajo que los cabeza de familia habían de ocupar para mantener un hogar. Y bien que le costó aquel empleo, me decía que su examen fue escribir un dictado: "Ahí hay un hombre que dice ¡ay!", pero lo escribió muy bien, porque nuestras madres (al menos la mía) tenían algunos libros en casa a pesar del esfuerzo que suponía pagar por ese "lujo", pero a ella le propusieron hacerse maestra. No podemos, dijo mi lala (viuda ella), no es posible, tiene que trabajar. Cómo pudimos sobrevivir nosotros sin unas madres modernas, enrolladas, de fitness y spinning, de facebook y tweetter. ¿Cómo diablos pudimos sobrevivir?

12 noviembre 2017

Paseando al Alzheimer.

Una de las cosas que sorprendió al doctor Snowdon en su estudio, fue que los paseos eran una de las pocas variables que diferenciaban a quienes entraban en la enfermedad y quienes no. Razonamiento y pensamiento son dos armas poderosas pero ya hemos averiguado que los brain training y otras ventas comerciales han servido solo para hacer ricos a los de siempre. De hecho ya se ha pasado la moda en la que todos ofrecían el milagro del entrenamiento cerebral como solución. Es bueno, claro, pero no tanto. Un paseo solitario te hace meditar sobre cosas que suceden en tu vida y pone en funcionamiento bastantes partes de tu cerebro (corteza motora, visual primaria, frontal y, por el tema del lenguaje propio- la temporal y parietal. ¡Una máquina vamos!) a la vez que te relaja. ¡Te los recomiendo! Si te da miedo ir solo contigo mismo (a veces pasa) puedes optar por ir con alguien, pero si lo haces trata de no hablar mucho de las cosas normales que hablas habitualmente, tampoco te hará bien.

11 noviembre 2017

Marchando.

Marchar y manifestarse es un derecho que en ocasiones se convierte en un deber. Así, los "estudiantes" universitarios catalanes insisten en que se les debe de aprobar ya que su labor está ahora en manifestarse en las calles y no en la biblioteca estudiando. En este punto es donde el derecho y el deber se convierten en pensamiento manipulador, o en pensamiento fantástico e irrisorio.
No vayan a creer vds. que es lo único. No dejo de alegrarme de las marchas rosas que recaudan dinero para la lucha contra el cáncer (de mama) pero a la vez no dejo de recordar Think before you Pink porque de nada sirve la camiseta rosa si no recordamos quién gestiona, cómo se hace y dónde se invierte. Los ciudadanos tenemos poder, pero somos muy manipulables. Ahora el 25 de noviembre se nos convoca también desde la oficiliadidad a una marcha contra la violencia hacia la mujer. Un acontecimiento, que ya algunos grupos venían reivindicando, se hace oficial.
Tenemos las mejores leyes sobre igualdad y violencia de género y, sin embargo, la discriminación y la violencia contra las mujeres no disminuye. Tal vez se está invirtiendo poco esfuerzo y dinero en lograrlo. Cada vez que un terrorista asesina a una mujer se convoca bajo el reloj del Ayuntamiento a la ciudadanía para mostrar su repulsa. Muy poca gente se congrega. Algo debemos de estar haciendo mal y nos urge averiguar qué para remediarlo. Marchar no es lo único que se puede hacer. Estoy seguro.

09 noviembre 2017

Crónicas del desamor. (5) Homosexual encarcelado.

A Oscar Wilde no le gustaban los deportes rudos, y además escribía poesía. Desde el principio en el Trinity College se le consideró rarito. A Oscar le gustaba una chica llamada Florence, pero ella decidió unirse al autor de Drácula. Dicen que su penar fue tan fuerte que se marchó de Irlanda. Bastantes años después conoció en Dublin a Constance y casó con ella teniendo dos hijos. Aunque algunos dicen que fue matrimonio de conveniencia Wilde la amaba y fue feliz. Sin embargo, a pesar de tener un rollo con un joven llamado Ross, su verdadero calvario comenzo cuando conoció a Bosie quince años más joven que él y sin embargo lo suficientemente listo como para sacarle todo el dinero. Quedó enganchado a él, quien jamás le fue fiel. Por si fuera poco, el padre de Alfred (que así se llamaba el amante) se empeñó en tratar de demostrar que Wilde era el culpable de la homosexualidad de su hijo. Le provocó, Wilde le demandó y comenzó un juicio mediático en el que el escritor negó la mayor, pero el inventor de las reglas del boxeo, ayudado de un buen abogado, consiguió que se condenara a Oscar por inmoralidad. Cuando terminó su presidio marchó a Francia para reunirse de nuevo con Bosie a pesar del amor eterno que su mujer le seguía profesando. Al final no estuvo ni con Bosie (infiel por naturaleza) ni con Constance que murió pronto. El amor es así, una historia de desamor continua. Puede que en algún momento siga escribiendo Crónicas del desamor, pero por ahora basta. Mañana hablaremos de otra cosa.

08 noviembre 2017

Crónicas del desamor. (4) El jugador afortunado.

Fiodor Mijailovich Dostoievski, tenía buenas condiciones para ser un hombre feliz, pero su madre murió con 35 años (él tenía 20) y su padre que no debía de ser muy amable se hizo más violento (si es que no lo era antes, que lo dudo), un año después apareció asesinado, así que con 16 años Dostoievski se tuvo que buscar la vida -como funcionario- y aunque ganaba un sueldo normal tenía el problema de gastarlo todo en el juego. La necesidad le hizo caer en manos de un terrorista y al final fue deportado y condenado a muerte, pero si bien no tuvo fortuna en juego al final un golpe de suerte le salvo la vida. 
Pero ¿no hablábamos de amor?  Dostoievski nada más terminar su reclusión y trabajos forzados se enamoró de María (otra mujer casada) una mujer infeliz en su matrimonio que sin embargo nunca quiso al escritor a pesar de las atenciones que le dispensó. No abandonó a su marido cuando se fue a vivir a otra ciudad e incluso cuando murió no volvió a los brazos del jugador sino que se sintió atraída por un joven maestro de la localidad. Imaginad lo que sufrió (las cartas dan fe).  A pesar de todo terminaron casándose aunque ella nunca le amó. Dice la historia que era despótica y caprichosa. La historia no terminó muy bien. 
Con el tiempo la joven Anna se enamoró de él y le dio a costa de sus desvelos y cuidados (él siguió hecho un pieza) todo su amor. Acabó siendo su editora y aunque la historia no fue un camino de rosas permitió que hoy podamos leer algunas de sus grandes obras.
Mañana: Homosexual encarcelado.

07 noviembre 2017

Crónicas del desamor. Catulo enamorado (3)

El joven Catulo llegó a Roma a finales del siglo I a.n.e. y tuvo la terrible felicidad de enamorarse de una mujer casada mayor que él. Para preservar su anonimato la llamó Lesbos (así el poeta se inspiraba en la famosa Safo de Mitilene). A ella le escribía cosas como:
Dame besos mil, después ciento, /después mil otros, después un segundo ciento,/después sin cesar otros mil, después ciento,/
después, cuando miles muchos hiciéramos...

El anonimato suele volverse contra uno mismo porque si bien uno puede disfrutar del sexo como en una propiedad privada suele ocurrir que cuando ya no hay por qué esconderse las cosas no sean como se pensaba que serían. Así sucedió que Clodia (que así se llamaba) enviudó, y en vez de quedarse con Catulo eligió a un amigo suyo aún más joven para seguir disfrutando de la vida. Nuestro poeta romano no lo pudo soportar y empezó a escribir cosas como:
Salud, niña; ya Catulo resiste,
y no te requerirá ni rogará, involuntaria.
Mas tú te dolerás cuando ninguna seas rogada.
Impía, ay de ti, qué vida a ti te espera,
quién ahora a ti se acercará, a quién parecerás bonita,
a quién ahora amarás, de quién que eres se dirá,
a quién besarás, a quién los labios morderás.
Mas tú, Catulo, decidido, resiste.

Al final Catulo desistió de suplicar y se marchó de Roma. No podía soportar lo que le había sucedido. Así es la historia. Mañana hablaremos del Jugador afortunado. Seguro que os gustará más.

06 noviembre 2017

Crónicas del desamor. (2) El joven de Scarabough.

Si uno se para a analizar un poco la canción encuentra que el joven le dice al viajero que de recuerdos a quien una vez fue su amor verdadero, y que volverá a serlo si le teje una camisa de lino sin costuras ni bordados y que la lave en un pozo donde jamás hubo agua, que la seque en un espino que jamás floreció. El joven, en una muestra más de ironía afirma que si consigue un acre de terreno entre la arena de la playa y el mar volverá a ser su amor verdadero y que luego le traiga la camisa. 
No parece que sea factible que la dama pueda realizar eso, si es que acaso ella tiene algún interés en hacerlo (que no lo sabemos), ni que, por supuesto, esa historia de amor pueda retomarse. Algo gordo debió de suceder entre ellos. No me atrevo a decir que fuese culpa de la joven porque en realidad una de las malas cosas que suceden es que la historia y los hechos siempre son contados por  hombres. No entendemos pues qué sucedió, pero lo que si sabemos es que el amor se terminó para siempre y solo queda un recuerdo de quien fue "su amor verdadero". Solo lo imposible podría hacer que volvieran a reunirse y las leyes de la naturaleza no creen en milagros. ¿Se habría trastornado el joven tal y como Freud pronosticaba con los deseos insatisfechos? No lo sabemos pero afortunadamente nos quedó una hermosa canción con estribillo salsero.
Si alguien sufrió por amor fue Catulo a quien Clodia abandonó y sumió en la miseria de su alma.
Mañana Catulo enamorado.

05 noviembre 2017

Crónicas del desamor. (1)

Freud hizo su agosto en la recatada sociedad Victoriana. Los traumas se somatizaban con facilidad debido a estrictas costumbres que poco o nada tenían que ver con la vida (entendiendo ésta como desarrollo y evolución). Dicen los expertos que aunque la sociedad ha cambiado el sexo sigue, siempre, siendo un problema que no deja de causar algo más que dolores de cabeza. La historia nos regala incontables historias de amor (incumplido). Cuando el amor sale bien (o simplemente hay una convivencia sin sobresaltos) la historia es incontable (sobre todo aburrida). No voy a realizar un recuento exhaustivo y ni siquiera llevaré un orden histórico. Solo contaré lo que todo el mundo sabe pero nadie cuenta. Probablemente porque es difícil admitir que las relaciones no suelen funcionar. Las medias -decía mi madre- no son buenas ni para las piernas, pero ella vivió al lado de mi padre toda la vida. Eran otros tiempos.
Una canción ha pervivido desde el siglo XII, relata el desamor de un joven y una doncella (quien parece haberle abandonado). Sobre el sentido de la canción hay interpretaciones. Una de ellas es que el joven trata de recuperarla con un hechizo a base de perejil, salvia, tomillo y romero y que la doncella estaría de algún modo interesada en volver a tomar dicha relación. No lo sabemos, no los conocemos, ni tenemos más datos, pero a mí me suena más a "cuando los cerdos vuelen volveré a estar con ella"
(Seguirá -El amante de Scarabough).

01 noviembre 2017

Monfragüe mi tierra libre.

En virtud de una larga historia en la cual desde pequeño iba a pescar a Monfragüe. En virtud de que conozco aquello muy bien. En virtud de que allí amé y fui amado. En virtud de que cuando vuelvo siento un inmenso placer. En virtud de que esa tierra es mía y allí quiero estar tras morir. En virtud de que allí he hablado con buitres, con peces, ciervos, zorros y jabalíes. En virtud de que hay un lenguaje distinto al castellano que se forma de emociones y sentimientos. En virtud de todo ello proclamo que me voy a quedar con una hectárea de dicho parque. Espero que se me respete y se entienda mi declaración unilateral de independencia.

26 octubre 2017

A mí no me gusta.

Puede que sea un antiguo, que uno con la edad se vaya haciendo más radical y menos persona, pero yo creo que siempre he pensado así, estoy seguro de que con 15 años ya pensaba eso. He visto a F., era una chica -permitidme el pasado- que había estudiado en Institutos y más o menos había tenido una vida similar a la de muchas otras chicas. Ya se había casado (y separado) una mala experiencia que pensé era un buen antídoto. Hoy la he visto, no he podido darla un beso en la mejilla (no está bien), llevaba ropa que podría cubrir todo su cuerpo y el de dos personas más, su cabeza tapada,  y empujaba un carro con su hijo. ¿Entiendes? No he podido ni saludarla como se saluda a la gente normal. A mí no me gusta. Me da igual que me llames intolerante. No creo en eso. No creo que una religión o un dios pueda quebrar la vida. Ella, por supuesto, parece feliz. No soy yo quien lo cuestionará. Solo digo que no me gusta. No lo quiero. No lo querría para mi hija, no lo quiero para ella, ni para nadie. No he podido saludarla. La vida ha retrocedido ante mi doscientos años y el tiempo se ha detenido aburrido. ¿Qué se puede decir?. Afortunadamente, mientras tanto, una amiga esperaba paciente a que terminara esa "conversación", ¿qué tal? ¿cuánto tiempo? Dos besos y una parrafada sobre los hijos, la vida y los años me han alegrado la mañana.