05 agosto 2017

Eris, Atenea, Afrodita, Hera y Helena

Desde pequeño tuve la suerte de ir al Festival de Teatro Romano de Mérida. Mis padres (la Angéla y el Julio) tenían una sensibilidad especial para la cultura en aquellos tiempos donde esas cosas sonaban a raro o muy raro y nos embarcaban en el coche por aquellas carreteras de entonces a ver los clásicos en ese pueblo (lo siento) que tenía un teatro, acueducto y muchas cosas más. Ayer, ya sin ellos gocé de "La Bella Helena", en una adaptación de Miguel Murillo y Ricardo Reguant (director). Digo que gocé porque la obra se disfruta desde el primer minuto en el que sale una Grecia clásica que enseguida se encarga de desbaratar la diosa de la discordia. En cualquier momento que observaras al público encontrabas caras de felicidad, y eso no tiene precio. Este musical con aire de cabaré se coló entre las emociones del respetable como una brisa de aire fresco, cosa de agradecer en la calurosa ciudad romana (¿cómo diablos se instalaron allí?). Eso me lleva a afirmar cómo la cultura es un gran motor económico que no todos los Gobiernos consiguen entender porque ¿quién iría allí con estos calores si no fuera por el teatro? Y estaba lleno, y los bares también, claro. No podría destacar nada de la obra ya que es de factura excepcional y todos los actores demuestran cualidades inmejorables, pero nadie dejó de asentir al discurso de Afrodita cuando le cierran los templos y entonces decide que habrá uno en cada oficina, en cada banco o en cada parque (ójala tuviera esa encendida maldición de la diosa del amor). Lo dicho, si aún no has ido a Mérida este verano no dejes de hacerlo, si además pillas a estas hermosas diosas tendrás jackpot.